viernes, 22 de febrero de 2008

Comenzó el juicio de Albelda contra el Valencia

Menudo culebrón se tiene que venir encima de éstos....no te digo ná ...y te digo tó...


martes, 19 de febrero de 2008

lOS iNDIOS mOHAWK

Existe un interesante libro titulado "Divided We Stand", escrito por
Eric Darton en 1999, contando la historia de las Torres gemelas de Nueva York desde que se empezó a pensar en construirlas que un par de años después fueron destruidas por el salvaje atentado del 11 de septiembre.
En el mismo se cuentan varias anécdotas sobre el edificio como por
ejemplo la de un mapache que se hizo la madriguera en el falso techo de los locales comerciales y que llevó años dar con él.

Pero la anécdota que más me gusta es una que cuenta Darton sobre los
indios mohawk, la antigua tribu que habitaba por la zona cuando llegaron los primeros colonos a "descubrirlos". Al parecer desde después de la gran depresión del 29 esta tribu se reveló como una gran especialista en los trabajos desde mucha altura que se llevaban a cabo en Nueva York con la construcción incesante de rascacielos. Esta habilidad innata se ha seguido perfeccionando en la actualidad por la tribu hasta incluso con una escuela de especialistas para trabajos similares.

El caso es que cuenta Darton que un gran número de indios mohawk fueron contratados para trabajar en las partes altas cuando se construía todo el complejo de las torres gemelas ya que su destreza con los andamios era y es muy cotizada y cuenta como entre ellos se comunicaban como siempre lo habían hecho en el pasado a través de los diferentesrascacielos que se levantaban, es decir a través de señales de humo, no necesitaban la radio ni nada de eso y al parecer fue una escena cotidiana muy contada, esas nubes de humo entre los diferentes edificios con los que los diferentes mohawk se comunicaban, como dice Darton en el
libro, después de más de tres siglos de nuevo se volvía a emplear ese lenguaje en Manhattan.

SOUTHPOP FESTIVAL 08




PUENTE DE MAYO (jueves 1, viernes 2 y sábado 3),

En breve, se presentará la imagen del festival y se confirmará los grupos participantes, así como los precios de las entradas.

El logo lleva al site de myspace del festival donde aparece la edicción del año pasado

vende tu voto 9 MARZO en EBAY


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lunes, 18 de febrero de 2008

CAMPAÑA GUESS

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LA BELLA OTERO

Tal y como sucede en la biografía novelada, la miniserie trata de mostrar la auténtica vida de este mito de la Belle Epoque. Carolina Otero (interpretada por Natalia Verbeke, El otro la mundoplus.tv de la cama, El méto mundoplus.tv ) reinó en los escenarios más importantes de Eur mundoplus.tv a y América y fue protagonista de múltiples aventuras con personajes de la nobleza y artistas de su tiempo. Además construyó to mundoplus.tv su pasa mundoplus.tv y vivió envuelta en mundoplus.tv misterio que alimentó la envidia de s mundoplus.tv rivales y el deseo de alg mundoplus.tv o de los hombres más poderoso mundoplus.tv




Carolina Otero nace en mundoplus.tv a aldea de Pontevedra en 1868 en el seno de mundoplus.tv a familia humilde. Durante su infancia su única fuente de amor es su madrina Josefa (Mabel Rivera, El orfanato, Mar adentro) pero toda su ingenuidad desaparece el día que la joven es violada por mundoplus.tv vecino de la aldea. Gracias a su madrina, Carolina sobrevive físicamente pero psicológicamente queda prof mundoplus.tv damente marcada. Meses después y tras no recibir apoyo de ning mundoplus.tv o de s mundoplus.tv vecinos la joven escapa. Con mundoplus.tv talento natural para el baile comienza a ganarse la vida trabaja mundoplus.tv o en clubs nocturnos y cabaré mundoplus.tv Pero su gran mundoplus.tv ort mundoplus.tv idad aparece cua mundoplus.tv o conoce al empresario americano Ernest Jurgens que se convierte en su pigmalión. A pesar de que él se enamora de la Bella Otero, ella no puede correspo mundoplus.tv erle, ya que el corazón de la artista está muerto. Aún así, consigue convertirla en mundoplus.tv a estrella de dimensión internacional deseada por hombres influyente mundoplus.tv

Al llegar a la cima de su carrera artística, to mundoplus.tv s los reyes de Eur mundoplus.tv a están a s mundoplus.tv pies y Carolina Otero se convierte en mundoplus.tv a de las mujeres más ricas de Francia. Pero en esos momentos sucede algo que cambia su vida por completo, se enamora por primera vez. El objeto de su amor es Raúl, mundoplus.tv anarquista sin dinero que sueña con mundoplus.tv m mundoplus.tv mundoplus.tv mejor. A mundoplus.tv que muchas cosas les separan, Carolina cree que el dinero que posee puede abrirle las puertas para entrar en mundoplus.tv a sociedad cada vez más elitista. Pero Raúl no quiere lo que Carolina le ofrece, sólo desea estar con ella. Por este motivo, deciden huir j mundoplus.tv tos y por primera vez Carolina se siente plenamente feliz…

Sin duda, mundoplus.tv a historia apasionante que no debes perderte y que da a conocer la dimensión real de mundoplus.tv personaje mítico de principios del siglo XX. Una miniserie con mundoplus.tv a cuidada ambientación, mundoplus.tv diseño de vestuario excepcional y mundoplus.tv reparto encabeza mundoplus.tv por mundoplus.tv a de las actrices más de moda del cine español actual: Natalia Verbeke.

jueves, 14 de febrero de 2008

eL dOCTOR sEMMELWEIS

Los prejuicios son esos parásitos del pensamiento que nos empequeñecen y envilecen. Son un producto de la sinrazón y la incultura, pero también de la miseria moral. Porque los prejuicios más indestructibles son aquellos que proporcionan alguna ventaja, algún beneficio al prejuicioso. Por ejemplo, pensar que los negros son seres inferiores ha permitido a los blancos sentirse superiores a ellos y explotarles durante siglos. De manera que el prejuicio es ciego, en efecto, pero también egoísta, depredador y a menudo homicida. Y somos tan responsables de nuestras reflexiones conscientes como de esas zonas oscuras de pereza mental.

Uno de los casos más espectaculares y conmovedores de prejuicio que conozco es la terrible historia de Ignaz Semmelweis (1818-1865), un ginecólogo húngaro maravilloso. A los 28 años, Ignaz fue nombrado ayudante de la primera clínica ginecológica de Viena. En aquel entonces se había puesto de moda que las mujeres parieran en los hospitales. Al mismo tiempo, coincidencia curiosa, se había desatado en todo el mundo una atroz epidemia que acababa con la vida de miles de parturientas: la fiebre puerperal, una infección generalizada que se declaraba tras el parto y que mataba a la mujer en pocas semanas entre terribles sufrimientos. Nadie sabía la causa de la fiebre, y ningún médico parecía tener en cuenta que atacaba sobre todo a quienes parían en los hospitales. Las cifras eran espantosas: por ejemplo, de los dos pabellones de parto que había en el hospital de Viena, el dirigido por el doctor Klein, que era donde trabajaba Ignaz, registró una media de un 33% de muertes en 1842. Y hubo momentos peores: en los primeros meses de 1846 se alcanzó un 96% de fallecimientos.

Semmelweis, horrorizado ante la matanza, empezó a pensar, a analizar. El pabellón de Klein duplicaba las bajas del otro pabellón e Ignaz descubrió que la única diferencia era que en el primero hacían prácticas los estudiantes que venían directamente de realizar autopsias, y que metían sus manos en los vientres de las mujeres sin haberse lavado previamente. Semmelweis ordenó que estudiantes y médicos se limpiaran las manos con agua clorada antes de tocar a las parturientas, y la mortalidad descendió al 0,23%. El entusiasmado Ignaz incluso intentó obligar a lavarse a su propio jefe, y Klein, enfurecido, echó del hospital al joven médico.

Sin trabajo, Ignaz continuó sus investigaciones. Un amigo suyo se cortó con el escalpelo durante una autopsia, y murió con los mismos síntomas de la fiebre puerperal, esto es, con los síntomas de la septicemia. Esto convenció aún más a Semmelweis de que la fiebre era causada por las manos contaminadas de los médicos y el hombre se lanzó a una afanosa campaña, intentando convencer a sus colegas de la sencilla obviedad de su descubrimiento. Su irrebatible verdad, sin embargo, chocó frontalmente contra el cómodo y egocéntrico prejuicio de los ginecólogos: ¿cómo iban a ser ellos, los santones de la ciencia y la salud, los grandes varones sabelotodo, los causantes de la enorme mortandad? Las sociedades médicas de Amsterdam, Berlín, Londres y Edimburgo condenaron sus aberrantes teorías. Ignaz fue expulsado del colegio médico y en 1849 las autoridades le ordenaron abandonar Viena.

A partir de entonces fue un paria, un apestado. Atacado por todos y desesperado por la certidumbre de lo que sabía, por esa verdad indiscutible y tan sencilla que hubiera podido ahorrar cientos de miles de vidas, fue perdiendo los nervios poco a poco. En 1856, acorralado y horrorizado, publicó una carta abierta a todos los profesores de obstetricia: ¡Asesinos!. Tenía razón: sus colegas se comportaban como verdaderos criminales. Semmelweis tenía la razón, sí, pero no el poder, y los poderosos de su tiempo decretaron que estaba loco y le encerraron en un psiquiátrico. En 1865, durante una salida del manicomio, Ignaz hundió un escalpelo en un cadáver putrefacto y luego se hirió a sí mismo. Tres semanas después moría con los síntomas de las parturientas. Fue un último y desesperado intento para convencer a los ginecólogos, pero su sacrificio no sirvió de nada: tuvieron que pasar cincuenta años hasta que la clase médica aceptara sus elementales conceptos de higiene. Y, mientras tanto, las embarazadas siguieron acudiendo como corderos a parir, y a morir, a los hospitales de todo el mundo. A fin de cuentas no eran más que unas pobres mujeres, y sus vidas eran una menudencia en comparación con la dignidad de los grandes doctores. Digo yo si también será por eso, por restos de los viejos prejuicios, por lo que hoy apenas se habla de Semmelweis. No me digan que no resulta extraño que hoy nadie recuerde a ese gran hombre, mártir de la razón, de la compasión y de la verdad.